Por Juan Pablo Guzmán, Analista Asociado de CABI Data Analytics
Durante la etapa post-pandemia, las remesas actuaron como un motor transversal para la economía: sectores como construcción, alimentos, hoteles, salud y vehículos crecían prácticamente en sincronía con los envíos provenientes del exterior. Las correlaciones móviles de 24 meses entre el crecimiento de las remesas y el de los distintos sectores económicos se situaban, en promedio, entre 0.76 y 0.91, reflejando un ciclo de consumo amplio y generalizado. En ese contexto, la liquidez generada por las remesas se distribuía de manera relativamente homogénea a lo largo de la economía guatemalteca.

Fuente: Elaboración propia con datos del Banguat.
Sin embargo, esta dinámica cambió de forma significativa a partir de mediados de 2024. La anticipación a las reformas migratorias impulsadas por la administración Trump provocó un comportamiento atípico entre los migrantes guatemaltecos en Estados Unidos: una aceleración deliberada en el envío de remesas antes de posibles cambios en las condiciones migratorias. Como resultado, las remesas alcanzaron niveles récord, superando los US$2,400 millones mensuales en marzo de 2026. No obstante, a diferencia de episodios anteriores, este flujo extraordinario de divisas no se tradujo en un repunte generalizado del consumo. El análisis de correlaciones móviles muestra que los recursos comenzaron a dirigirse hacia destinos mucho más específicos.

El gráfico de correlaciones móviles ilustra este cambio con claridad. Hasta 2022, todas las series se mantenían en terreno positivo y con una trayectoria convergente. Posteriormente, a medida que la inflación en Estados Unidos redujo el poder adquisitivo de los migrantes y el crecimiento de las remesas se desaceleró entre 2022 y 2023, los distintos sectores comenzaron a divergir. Finalmente, con la reaceleración observada tras el ciclo electoral de 2024–2025, el sector construcción se desacopla al alza mientras el resto de los sectores cae a terreno negativo. Este patrón sugiere un ahorro precautorio e inversión en activos fijos ante la incertidumbre sobre su situación migratoria.

El contraste entre ambos periodos es evidente. Alimentos y bebidas pasó de una correlación de +0.79 a prácticamente cero (−0.02); vehículos y repuestos, de +0.91 a −0.35; y salud, de +0.77 a −0.67. Construcción, en cambio, no solo mantuvo su vínculo con las remesas, sino que lo fortaleció, pasando de +0.84 a +0.93. Lo que estos datos revelan, hasta finales de 2025, es un reordenamiento estructural en la forma en que las remesas se gastan en la economía guatemalteca: de un motor de consumo transversal a un flujo con un destino más selectivo.









