Por Ricardo Rodríguez, CEO CABI Economics
El 28 de febrero se incrementan las tensiones en Irán luego de ataques por parte de Estados Unidos, desatando un nuevo capítulo de conflictos geopolíticos y generando incertidumbre en los mercados internacionales. Desde entonces, han sucedido distintos bombardeos en diversos lugares de Medio Oriente, destacando bombardeos a refinerías de petróleo no solo en Irán, sino que también en Israel, Bahréin y Arabia Saudita. Sumado a lo anterior, Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz, afectando al 25% del petróleo consumido en el mundo y generando un fuerte impacto en el precio de este commodity. Esta situación levanta temores sobre lo sucedido en 2022, cuando Rusia invadió Ucrania y generó disrupciones económicas fuertes que desembocaron en mayor inflación, entre otros efectos. ¿Son ambas situaciones comparables?
Para poder responder esta cuestión, es importante analizar como ha evolucionado el precio del barril de petróleo desde el inicio de este conflicto. A finales del mes de febrero, el barril de petróleo oscilaba en un precio cercano a US$70 por barril. Dos semanas después, ya se acercaba a los US$95 por barril e incluso habiendo alcanzado precios superiores a US$100 por barril temporalmente. Esto significó un incremento de más de 35% en tan solo dos semanas; uno de los incrementos más fuertes que ha sufrido este commodity y, de hecho, más fuerte que el incremento registrado durante las primeras dos semanas del conflicto entre Rusia y Ucrania. Esto nos da una primera conclusión: el impacto está siendo incluso más fuerte que el experimentado en 2022. Sin embargo, en 2022 el precio del barril de petróleo iniciaba en US$90 por barril mientras que en el conflicto actual en cerca de US$70 por barril, lo cual es una diferencia relevante. Considerando que el impacto al momento ha sido tan intenso (o aún más) que la situación en 2022, ¿deberíamos esperar efectos económicos tan fuertes como los experimentados en 2022 y los años siguientes?

De momento, es muy difícil poder dar una respuesta definitiva a esta interrogante, porque la duración del conflicto es un factor clave que aún es incierto. El conflicto entre Rusia y Ucrania se ha mantenido por años y ocasionó que el precio del barril de petróleo no regresara a los niveles previos al inicio de dicho conflicto por un período de seis meses. Sin embargo, en el conflicto actual confluyen, por el momento, dos posiciones: una (la expresada oficialmente por las autoridades estadounidenses) de un conflicto que duraría semanas. En ese caso, el efecto sería fuerte, pero se disiparía rápidamente, una vez el conflicto se modere y el tránsito por el Estrecho de Ormuz se normalice. La segunda posición apunta a la posibilidad de un conflicto que se extienda en el tiempo, en cuyo caso el efecto no solo en los precios de combustibles permanezca por más tiempo, sino que su efecto se traspase a inflación y, por ende, los efectos económicos duren por más tiempo. De momento tener claridad sobre cual alternativa sucederá es difícil, pero poder llegar a esta respuesta es clave para determinar los impactos económicos que puedan suceder.









