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El boom del running y la economía que corre junto a los runners

Noticias | Finanzas que mueven el mundo

El running se transformó de un hábito recreativo individual en una práctica social y económica global que moviliza desde gasto en productos técnicos hasta turismo deportivo. La proliferación de run clubs, la compra recurrente de equipo y accesorios y la participación en eventos masivos como maratones generan flujos de dinero constantes que trascienden el mero ejercicio físico. A través de inversiones personales en tecnología, indumentaria y experiencias, los runners recreativos se convierten en consumidores activos de una industria que está en expansión.

Run clubs y la comunidad como punto de partida económico

Los run clubs son grupos organizados de corredores que comparten ritmos, rutas y, cada vez más, inversión en productos y servicios vinculados a su práctica. Estos clubes han evolucionado en espacios estables donde el consumo de productos técnicos y de estilo de vida se vuelve parte de la experiencia del running, generando un impacto económico indirecto significativo en tiendas especializadas y servicios locales. Además, estos espacios funcionan como nodos de prescripción y validación social, donde las decisiones de compra se amplifican colectivamente y convierten la práctica recreativa del running en un ecosistema de consumo constante.

El runner recreativo también es un consumidor multicanal

El runner recreativo moderno distribuye su gasto en varias categorías de consumo. No se trata solo de zapatos especializados o un dispositivo, sino de un conjunto de inversiones que se repiten durante meses o años. Esto crea una cadena de gasto que alimenta a fabricantes, retailers, plataformas digitales y organizadores de eventos. La lógica del gasto fragmentado pero constante sostiene a múltiples actores dentro del ecosistema económico del running.

Además, este perfil de consumidor interactúa tanto con el comercio físico como con el digital, combinando compras en tiendas especializadas con suscripciones y servicios en línea. En conjunto, este comportamiento consolida el running recreativo como un mercado transversal que conecta tecnología, bienestar, turismo y economía urbana.

Los zapatos para correr son el pilar del gasto recurrente

Los zapatos para correr son uno de los gastos más notorios y evidentes dentro de la industria del running. Las recomendaciones de New York Times Wirecutter y Runner’s World muestran que los mejores zapatos para correr pueden costar entre US$120 y US$250 según el modelo y la tecnología incorporada. Aquellos diseñados para entrenamiento diario, competencia o para distintas superficies presentan diferencias de precio, pero todos representan compras frecuentes porque los corredores suelen reemplazarlos cada cierto número de kilómetros debido al desgaste natural. Este patrón convierte al calzado en un gasto recurrente que, multiplicado por miles de corredores, constituye una parte considerable del mercado global del deporte.

Accesorios, tecnología y servicios digitales que complementan el ecosistema del running

Además del calzado, los accesorios y la tecnología amplían aún más el gasto asociado al running. Gels de hidratación, ropa técnica y calcetines especializados forman parte del consumo habitual de quienes corren regularmente. A esto se suman los dispositivos tecnológicos como relojes deportivos y fitness trackers que permiten monitorear ritmo, distancia y frecuencia cardíaca. Plataformas digitales como Strava ofrecen membresías premium que expanden la experiencia de correr. Según los precios oficiales de Strava, una suscripción anual ronda los US$59.99, mientras que una mensual cuesta alrededor de US$7.99. Estos servicios digitales generan ingresos recurrentes que no dependen de compras físicas sino de suscripciones continuas.

El sorprendente costo de correr una maratón

Participar en una maratón representa un gasto acumulado importante para un runner recreativo. The Running Channel detalla que los costos asociados no terminan con la inscripción. Además del dinero destinado a comprar el equipo adecuado, los runners deben considerar gastos adicionales como transporte, alojamiento y alimentación. Se estima que hoteles en ciudades sede de maratones como Nueva York o Berlín tienen tarifas que oscilan entre US$200 y US$300 por noche durante los días del evento. Esto sin contar vuelos y traslados, que pueden elevar el costo total significativamente si se viaja desde otra región o país.

La inscripción misma puede variar según la maratón, pero muchas de las grandes carreras tienen tarifas desde US$100 hasta más de US$300 según la antelación con la que se registre y el tipo de paquete que se elija. En conjunto, la participación completa en una maratón para un runner promedio puede implicar varios cientos o incluso varios miles de dólares de gasto total, sumando inscripción, viajes, hospedaje y alimentación.

El impacto económico de los grandes carreras

El impacto económico de las maratones y carreras masivas en las ciudades sede va más allá del gasto individual de cada runner. Según estudios de Running Studies y Australian Leisure Management, grandes eventos deportivos tienden a generar efectos multiplicadores en la economía local. Restaurantes, tiendas de ropa y equipo deportivo, servicios de transporte y hoteles se benefician del flujo masivo de visitantes. Además, los corredores suelen extender su estadía para conocer las ciudades que visitan, lo que incrementa aún más el consumo en servicios urbanos y contribuye al turismo local.

Eventos como la maratón de Berlín y la de Nueva York han demostrado cómo un solo evento puede dinamizar sectores económicos que van mucho más allá del deporte. Los restaurantes reportan mayores ingresos por comidas fuera de casa, los hoteles actualizan sus tarifas por la fuerte demanda y pequeñas empresas ven aumentos considerables en ventas debido al aumento de visitantes en fechas de maratón.

¿Cuánto gasta al año un runner promedio?

Tomando en cuenta estos datos, el running recreativo representa una inversión anual nada menor al sumar los principales rubros de consumo. Un corredor promedio suele adquirir al menos un par de zapatos especializados por año, con un precio que oscila entre US$120 y US$250. A esto se agregan accesorios y ropa técnica, como camisetas, shorts, calcetas y gels de hidratación, que pueden representar fácilmente entre US$150 y US$300 anuales según la frecuencia de uso y reposición.

En el plano digital, la suscripción a plataformas como Strava Premium añade alrededor de US$60 al año, mientras que quienes utilizan relojes deportivos o fitness trackers suelen amortizar dispositivos cuyo valor inicial puede ir desde US$200 hasta más de US$500, distribuidos en varios años de uso. Finalmente, la participación en una sola carrera grande al año, como una maratón internacional, puede implicar un gasto total que va desde US$800 hasta más de US$2,000, considerando inscripción, alojamiento, alimentación y transporte.

Sumando estos componentes, el gasto anual estimado de un corredor recreativo activo puede ubicarse fácilmente entre US$1,300 y US$3,000, una cifra que ilustra con claridad por qué el running ha dejado de ser solo una actividad física para consolidarse como un motor económico sostenido para múltiples industrias.

El running como ecosistema económico cotidiano y recreativo

Este conjunto de dinámicas permite entender al running recreativo como un ecosistema económico sostenible y diverso. Lo que comienza como una actividad accesible se transforma en una red de gasto que conectan comunidad, tecnología y experiencias urbanas. Cada inversión en calzado, accesorios, tecnología y experiencias contribuye a un flujo económico constante que beneficia tanto a grandes marcas como a proveedores locales.

El running demuestra que el bienestar también puede ser un motor económico estable, capaz de generar valor de manera continua a partir de hábitos simples y saludables. Esta práctica no solo mueve cuerpos, también mueve economías enteras.

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